Ángel Ruiz desnuda el alma de Miguel de Molina

Charla con Ángel Ruiz.

En los años de la República española se toleraba la condición sexual de los literatos García Lorca o Jacinto Benavente hasta que llegó el régimen franquista. Miguel de Molina fue uno de los represaliados. Para hacer justicia con su historia, Ángel Ruiz le dota de una segunda piel en el teatro Infanta Isabel. Una reencarnación del cantante sobre los escenarios, para traer a la actualidad a todo un referente de lo que fue una sociedad más libre.

Es viernes y el actor se halla en su casa confinado desde donde accede a Clubhouse. Las funciones tienen lugar los fines de semana hasta el 4 de abril, aunque previsiblemente sea un punto y seguido, ya que la obra ha perdurado cinco años. Todo gracias a que Miguel ha madurado a la par que el intérprete. “Tiene vida propia, cuando volvemos de estar meses sin hacerlo, siempre encuentro algo nuevo y guarda relación con mi punto de vista de las cosas”, asevera Ángel. La genuidad se transmite al patio de butacas, no existe cuarta pared y se habla del aquí y ahora, tanto del orgullo gay como de las restricciones, entre otros asuntos.

El rey de la copla, con la complicidad al piano de César Belda, transmite a través de sus melodías sentimientos y emociones. “Cuando canto la música es un vehículo impresionante e inmediato para llegar al alma”, reconoce el invitado. Él mismo valora la importancia de esa comunicación en las artes escénicas, que las entiende “como un arte vivo y efímero al mismo tiempo”. Personajes con luz pero sin suerte son los que en su mayoría han caído en las manos de Ruiz, a quien no le importaría con 70 años hacer el monólogo con la misma humildad que le caracteriza. ¿Y por qué no un biopic en el cine al estilo de Freddie Mercury o Elton John?, le planteamos a nuestro contertulio, que admite que sería un sueño llevarlo a cabo. Por el momento, la foto de Ángel caracterizado como Miguel permanece en la mesa de una cafetería del malagueño pasaje de Chinitas, junto a las de otros ilustres como Antonio Banderas o Pepa Flores. El rostro del artista exiliado reposa cercano a la brisa marina de su ciudad de origen, a la que tanto ansiaba volver.

Transformador de la copla

La copla surgió en el momento más floreciente del republicanismo en un contexto vanguardista europeo. “Su problema es que durante la época de Franco adquiere un modo kitsch que no lo es, la mujer valiente se convierte en castigada”, explica Ángel. La censura se ceba con las canciones en las que se habla de amores imposibles que forman parte de lo cotidiano. En los años 40 sonaba Juanita Reina y “muchos artistas son relegados al abrigo de lo folclórico o pintoresco, cuando tenían una gran humanidad”, expone Javier Ortiz, exgerente de ‘El Sol de York’, que se incorpora al coloquio. Y en esa mezcla entre lo tradicional y lo moderno, Miguel de Molina se vio obligado a emigrar a Argentina.

Y para rendir su memoria, este espectáculo en Madrid se apoya en la poesía popular, que podría parecer obsoleta pero no ha caducado. No es una antología ni un musical, sino la propia visión de Ángel que se refleja en cada función. Bajo la dirección de Felix Estaire y las luces de Juanjo Llorens, se arroja luz sobre Miguel, un transformador de la copla sometido al olvido.

Emociones al servicio de personajes

Basta con hacer recorrido en los últimos 10 años por sus trabajos sobre las tablas para constatar que no ha parado. El polifacético invitado nos lo agradece porque reconoce tener la sensación de no hacer nada. En una profesión apaleada, tal y como le comentaba una compañera, se siente afortunado de trabajar, porque para él redunda en su felicidad. Pese a la frustración de la paralización de su último montaje ‘El tiempo todo lo cura‘, que espera retomarlo en septiembre, por el momento tendrá previsto regresar con ‘La tabernera del puerto‘, bajo la batuta de Mario Gas.

A todo esto se suma su labor como docente, saber qué va a cocinar al día siguiente o pensar en el pantalón que se está haciendo. Entre las prioridades del intérprete no se encuentran las redes sociales, le cuesta mucho mostrar su vida. Lo que dice regalar son sus emociones y ponerlas al servicio de sus personajes para dotarles de credibilidad sobre las tablas. “El teatro es todo lo que debe pasar en el escenario, debe ser determinante, es el summum de un momento y por tanto el cénit de cualquier instante”, finaliza el Ángel Ruiz.

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